La historia humana siempre desde tiempo inmemorial nos ha dejado muestras de amor desde la vetusta relación de Adam y Eva que narra los textos judeocristianos a actuales relaciones que no tienen nada que envidiar a las antes mencionadas, tal es el caso de un rey que deja su reina y su religión en post de una joven cortesana madre de una de las más brillantes reinas que este género ha dado al mundo me refiero a la hija de Enrique y Ana Bolena. Isabel I de Inglaterra. Son solo muestras de un desbordante amor bueno al asunto que trato hoy in más preámbulos hablare de dos personajes brillantes del siglo XX, Uno por su lado enarbolo y fundo una corriente filosófica que marca la historia de la historia y la filosofía me refiero a Jean Paul Sastre. Por otro lado, su parte contraria en cuanto a género tratase y por consiguiente su complemento hablare de simone de beauvoir.
Simone de Beauvoir fue una niña solitaria, apegada a su
padre, quien le enseñó el amor por los libros y el conocimiento; fue una chica
que siempre sintió que tenía un cerebro de hombre en el cuerpo de una mujer.
A más de 50 años de la polémica que desató la relación
amorosa entre Sartre y Simone de Beauvoir, el tema de la poligamia sigue siendo
espinoso.
Actualmente, uno de los defensores de la poligamia es el
psicólogo Christopher Ryan, quien asegura que los seres humanos estamos
“bioprogramados” para la poligamia, “para recibir y responder a estímulos
sexuales de múltiples parejas”.
Sí, evolucionamos, pero “seguimos siendo primates y el
polideseo nos mueve”, dice Ryan. “Los humanos parecen ser los más sexuales de
los primates, con penes y testículos más grandes que cualquiera de los otros
primates y con estos últimos fuera del cuerpo, donde temperaturas más frías
ayudan a preservar el esperma para poder tener múltiples eyaculaciones. La
capacidad multiorgásmica de las mujeres y la llamada vocalización copulatoria
femenina también sugieren que estamos hechos para la poligamia”, sostiene el
psicólogo estadounidense.
Además, Ryan justifica la poligamia al argumentar que dos de
las especies primates más cercanas a los humanos confirman esta idea: “Los
chimpancés hembras en ovulación copulan docenas de veces al día con todos los
machos posibles. Los bonobos –chimpancés pigmeos-, famosamente promiscuos,
disfrutan comúnmente de sexo grupal, el cual sirve para limar asperezas en el
tejido social”.
Sin embargo, la sociedad actual –occidental, al menos- no
funciona de esta manera. De este lado del mundo se practica la monogamia,
#dicen, aunque Ryan opine que “los recién casados serían inteligentes si
recordaran que, aunque hayan escogido ser vegetarianos, es totalmente natural
desear una hamburguesa con queso y tocino ocasionalmente”.
Suena sencillo, pero no lo es tanto. Regreso a la relación
Sartre-Simone de Beauvoir.
Simone mantenía relaciones con hombres y mujeres. Sartre
sólo con mujeres, y los dos, por ser profesores de instituto, se involucraban
con jovencitas. Pero ahí no está el problema.
¿Cómo le hacían estos franceses para sostener este tipo de
vida? Sartre, por su parte, mantenía a muchas mujeres y hasta distribuía de
manera perfecta el tiempo que pasaba con cada una. Por supuesto, ninguna sabía
de la existencia de las demás, sólo su “Castor” (así le decía de cariño a
Simone, por la semejanza de su apellido, Beauvoir, con la palabra Beaver,
castor en inglés).
En realidad, Sartre tenía un código: “viajes, poligamia, transparencia”.
En su obra Carnets, el filósofo francés explica que le dijo a Simone que
“existían dos tipos de sexualidad: el amor necesario y los amores contingentes.
Y Castor aceptó”. Simone era su amor necesario, las demás – Michelle, Arlette,
Evelyn y Wanda-, eran los contingentes.
No obstante, el acuerdo que los dos tenían (el de poder
tener relaciones con las parejas que quisieran), nada fue tan fácil.
En La ceremonia de los adioses, Simone de Beauvoir describe
los últimos años con Sartre, ese hombre con los ojos casi muertos, con una
adicción terrible al alcohol, a las drogas…y a las mujeres.
Aunque esta pareja fue el símbolo del “amor libre” y la
liberación sexual en los años sesenta y setenta, Simone de Beauvoir sí se
sintió traicionada por Sartre, y más cuando éste “adoptó” a Arlette y la
convirtió en la heredera universal de sus derechos literarios.
Sí, somos primates, pero somos primates que no están exentos
de sentirse heridos y conflictuados con y por una relación polígama, a diferencia
de los chimpancés y bonobos. Tal vez por ello la monogamia es más cómoda.
Ryan explica que la sociedad y la cultura –terapeutas y
sacerdotes incluidos- han reprimido “nuestra energía libidinal”.
“En el fondo, la monogamia es una manifestación del autoritarismo
posesivo, más que el resultado de un romanticismo idealista que apela a las
necesidades emocionales, monogámicas, de las mujeres que buscan entregar su
dote sexual a un hombre único, capaz de proveer para sus hijos, y por eso dicen
NO a otros, porque sólo así obtienen la seguridad y los bienes materiales de
este hombre”, dice el psicólogo.
La explicación de Ryan suena materialista porque relaciona
el nacimiento de la monogamia con el nacimiento de las sociedades agrícolas, es
decir, el auge de la propiedad privada. “Mis tierras, mis hijos, mi mujer”.
Aquí es cuando la mujer “fue relegada a un rol secundario, a una posesión más
dentro de la acumulación de bienes”, explica Ryan.
Simone de Beauvoir le confesó a uno de sus amantes, al
estadounidense Nelson Alegren, que su relación con Jean Paul Sartre “más que
amor era una amistad íntima”.
¿Se puede ser
verdaderamente polígamos sin sufrir raspones? Actualmente, no lo creo, pero ese
es sólo mi punto de vista. Bienvenidos los suyos.
Fuentes
http://www.animalpolitico.com/blogueros-lovaholicos-anonimos/2011/10/08/la-poligamia-el-amor-entre-sartre-y-simone-de-beauvoir/
https://books.google.com.pe/books?hl=es&lr=&id=3yy8F1pPfr8C&oi=fnd&pg=PA7&dq=simone+de+beauvoir+y+++jean+paul+sartre&ots=Z6ual7XPi0&sig=rI9O9DB8bCkP72g2skG5xZeiSxE#v=onepage&q=simone%20de%20beauvoir%20y%20%20%20jean%20paul%20sartre&f=false
Jean-Paul) [1392384 - LL179] Literatura Psicología Losada.
Buenos Aires. 1976. 17 cm. 286
p. Encuadernación en tapa blanda de editorial ilustrada.
Biblioteca clásica y contemporánea.
La justicia social en la era de la política de identidad:
redistribución, reconocimiento y participación.
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